SALIRSE DEL SURCO LA NATURALEZA DELIRANTE

Comisaria: Natalia Giménez Cid / Galería Begoña Malone

Carlos Fernández Pello / María García-­Ibáñez / Sherri Hay / Iraida Lombardía / Santiago Martínez Peral

“Como Ulises, que araba la arena para fingirse loco, el delirante se afana inútilmente por cultivar un suelo que no da fruto, volviendo la espalda a los fértiles campos de la razón”, Remo Bodei en Las lógicas del delirio, Razón, afectos, locura.

La naturaleza ha recuperado su extrañeza, ahora, cuando su tiempo parece alcanzar un imposible final. ‘Salirse del Surco’ toma su título de la traducción del término latino ‘delirare’, una ‘metáfora campesina’ bajo la que 5 jóvenes artistas muestran paisajes y fenómenos naturales en su representación (aparentemente) más delirante y absurda.

Tras siglos de explotación y deterioro, la preocupación por la relación con el entorno se sitúa en el centro de la política y la estética. En recientes aproximaciones artísticas al tema se aprecia una imposibilidad de hablar de la naturaleza para en cambio mostrar su destrucción o hacer referencia a la cultura del miedo con consignas preventivas. Ideas presentes en las piezas de Iraida Lombardía (Pola de Laviana, Asturias, 1977) y Carlos F. Pello (Madrid, 1985), respectivamente, “Sobre cómo 0plantar un árbol del revés y preguntarse si sigue siendo un árbol”, la intervención de un árbol condenado a desaparecer como consecuencia de los desmontes en las proximidades de Somao para la construcción de la autopista del Cantábrico en 2007, y “Letanía romántica”, con las reflexiones del artista sobre el paisaje, la pintura, el sublime, suplantando las monótonas y repetitivas advertencias de los paneles luminosos de las carreteras. No obstante, los trabajos de estos dos artistas, invitados a exponer por primera vez en galería begoña malone con motivo de esta muestra, van más allá. Se cuestionan acerca de la inadecuación de estrategias que falsean lo que de natural pueden tener las representaciones e investigan los convencionalismos de la cultura visual a partir de los que 0vemos y construimos el paisaje.

En “La translación”, Carlos trata el tema del paisaje en función del que lo experimenta. Su serie de pequeñas pinturas actúa como traducción de la experiencia planteando una reinterpretación en clave contemporánea del tratamiento romántico de la naturaleza como un estado de ánimo o experiencia personal. Por su parte, las fotografías de Iraida son una selección de un proyecto más amplio, “Paisaje interferido”, en el que explora las licencias engañosas en la construcción de la imagen, presentando paisajes idílicos con un molesto ruido y restos, grabados y hallados en el lugar donde se tomaron las instantáneas.

Las piezas de María García-Ibáñez (Madrid, 1978) y Santiago Martínez Peral (Madrid, 1974) plantean como posibilidad la supervivencia artificial de la naturaleza frente a la clásica oposición natura-­artificio. Como resultado, sus obras son la subversión de imágenes y objetos cotidianos lo que les aporta un cierto aire surrealista. María G-­I. dispone un horizonte de platos soperos en los que surgen montañas de su fondo, como si los materiales generasen de forma irracional sus propios paisajes artificiales producto de la acumulación de estratos geológicos propios de la genética de la loza. Los “Firmamentos” de Martínez Peral pueden ser interpretados, en su doble acepción de bóveda celeste y de cimiento, firme donde las cosas se sustentan, como mutación de los monstruos del artista y el triunfo de lo supra racional.

Lejos de ser un género caduco, anacrónico y romántico, con estas nuevas aproximaciones artísticas, el paisaje cobra protagonismo bajo la forma de un campo expandido y complejo, que incluye conceptos de conectividad y transgresión. En suma, obras que se desvían del surco, por delirantes, extrañas, absurdas, íntimas, artificiales. Una naturaleza en la que nada es lo que parece ser cuando las soluciones a su construcción, como imagen del mundo, se formulan desde un contexto en el que ya no hay principio ni fin, sólo un punto intermedio, donde habitamos, dominado por el caos.